Hoy camino al cine, recorriendo esos lugares tan nuestros, sentía que soñaba despierta. Puede que suene bastante tonto, pero pensaba en esa tarde, perfecta, junto a vos. Pensaba como estábamos acostados charlando en el pasto, a pesar del frío, y los ojos se me llenaban de lágrimas.
Se sentiría tan bien tenerte cerca, decirte que te quiero de mil maneras, sentir el olor de tu pelo húmedo, ese que te hace tan único.
Luego me acordé como te miraba a los ojos, mientras te contaba lo tonta que me sentía estando con vos en ese momento. Estábamos agarrados de las manos, bromeando acerca de cualquier cosa y yo riéndome de que querías ser famoso algún día. Después te di un pellizcón y salí corriendo, mientras vos te parabas para perseguirme, y correr detrás de mí. Me abrazaste y me tiraste de nuevo al pasto, donde me besaste hasta que te corrí la cara y me vino esa carcajada tan de mí.
Después nos tumbamos en el pasto a mirar las formas de las nubes, y como pasaban tan rápidamente. También observamos el trayecto que hace una hoja desde que se desprende de una rama hasta que llega al suelo. Vimos los distintos tonos del pasto, naranja, y rojo con manchones verdes.
Luego tomamos un colectivo hasta tu casa, donde comimos bizcochos y una buena chocolatada. Al rato tuve que irme, porque ya se acercaba la noche. Fue el día más especial de todos, y eso es solo por el hecho de que estuve con vos.
Cuando recordé en donde estaba parada, y lo que iba a hacer en el cine, no pude evitar llorar, llorar de tristeza. Llorar porque te extraño, y te necesito acá conmigo. Ahora.
No hay comentarios:
Publicar un comentario