Detener el tiempo cuando te acostás en el pasto a mirar el cielo y sentís que hay un refugio en donde encontrar un poco de paz. Detener el tiempo cuando sumergís tu cabeza debajo del agua y sentís que los problemas salen a volar. Detener el tiempo cuando entendés que un simple buen día, una sonrisa, algo pequeño en un día cualquiera, puede llenarte, al menos por un tiempo. Detener el tiempo cuando querés gritarle al mundo que todo está y va a estar bien. Detener el tiempo cuando sin entender por qué cantás, bailás, gritas, reís a carcajadas.
Detener el tiempo por segundos, minutos, horas, días, años... hasta que la rutina no agobie, pensar no nos condene y las palabras tengan más valor que el silencio.
Porque que el tiempo vuela y todo a tu alrededor está cambiando, aunque tus ojos no puedan verlo. Y aunque el tiempo no se vaya a detener jamás, decido cambiar la frase de mi agenda "El tiempo cura... y condena" por "El tiempo condena, pero también cura"
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