Da pánico estar vulnerable, nunca nadie me sonrió así.
martes
El viejo dicho afirma que es mejor equivocarse que no intentar. Existe un grupo selecto de personas que no lo creen así. Ella sostenía fervientemente que no había ninguna necesidad de arriesgar, teniendo chances de fallar. Sostenía que las oportunidades debían presentarse de buena forma para tomar un paso seguro. ¿Cuál era la gracia de sumergirse en un error? Ninguna. Nadie sabe por qué, ese día, se arriesgó. Tomó el ómnibus en silencio, bajó y caminó. Le robaron un beso, la tomaron de la mano. Y ella se fue feliz porque, al fin, arriesgar había valido la pena.
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