Da pánico estar vulnerable, nunca nadie me sonrió así.

miércoles

Ella está sentada en un banco del parque mientras la suave brisa le acaricia la cara.
Esconde su rostro tras su pelo color miel y sus ojos, de esmeralda, miran al suelo.
Ella no tiene un principio, tampoco un final, pero la soledad la acompaña.
La sombra de los árboles la acoge y el canto de algún pájaro lejano hace que su espera sea más leve.
Ella no espera a nadie, no espera nada, solo quiere que la soledad la vuelva a abrazar de nuevo.


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